Severino Pallaruelo (Puyarruego, Huesca, 1954)
Severino Pallaruelo (Puyarruego, Huesca, 1954) siempre nos sorprende. Siempre hemos admirado su pasión de naturalista, su cariño hacia el territorio y esa pulsión inmediata de hollarlo hasta sus últimas esquinas. En cualquier paraje desabrido, en un ibón casi inaccesible o en un vergel oculto, envuelto en el misterio, allí ha estado Severino Pallaruelo con sus cuadernos de notas, con su cámara fotográfica y sus lápices de colores, o sencillamente con un carboncillo. Su encomienda parece inequívoca: andar la tierra. Abrazar la flora y la fauna. Escuchar la melodía del viento y el silbo de las estaciones. Demorarse un instante, en un plantío, en un monte abajo o en los elevados apriscos para escuchar al campesino, al buhonero si aún quedasen o al pastor. Los pastores son un poco como sus hermanos del alma, sus cómplices en la morosa observación de la naturaleza: sitiados entre sus cabras y sus ovejas, resguardados por los canes, están ahí, al acecho, divisando la negritud de las nubes, el peine de los vientos, la hondura de las vaguadas. Pintan el paisaje en sus ojos: lo retienen, lo interiorizan y se sienten poseídos como los místicos. Como el propio Severino.
https://vimeo.com/348908218

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